Prólogo a la obra «La desconexión digital en el ámbito laboral», de Francisco Trujillo Pons

Eduardo Rojo Torrecilla.
Catedrático de Derecho del Trabajo y de la Seguridad Social.
Universitat Autònoma de Barcelona.
Facultad de Derecho. Bellaterra, 26 de mayo de 2021.


Vivimos permanentemente conectados. Basta hacer un breve repaso a aquello que hacemos la mayor parte de personas desde que nos despertamos hasta  que  nos  acostamos, e  incluso  durante  nuestros  sueños. Encendemos el móvil (si es que lo habíamos apagado), buscamos en Internet la información sobre las noticias o sobre el tiempo que hace ese día (aunque podamos hacerlo también mucho más directamente en vivo, es decir desde nuestras ventanas o balcones), y quizás si necesitamos un taxi para desplazarnos lo solicitamos a través de la aplicación de la compañía correspondiente.

Bueno, quizás lo último sólo sea válido para un grupo reducido de personas, ya que la mayor parte se desplaza en transporte público, donde el silencio es casi total ya que quienes viajan en este están concentrados en su móvil, portátil, tableta o e-book; y quienes lo hacen en su vehículo están pendientes del GPS (sistema de posicionamiento global, o en el original inglés Global Positioning System, que dudo que muchas personas supiéramos exactamente el significado literal de estas tres letras) para llegar correctamente a su destino y no perderse en el camino.

Y llegamos a nuestro trabajo, conectamos el ordenador o la aplicación a la que debemos estar conectados para llevar a cabo nuestra actividad y seguir diligentemente las instrucciones que nos lleguen para su adecuado desarrollo (ahora no les voy a hablar de las notas de dependencia y ajenidad en el trabajo porque de ello ya se encarga el autor de esta monografía, que en algunas o muchas ocasiones parecen formalmente que son inexistentes cuando en realidad son muy claras y diáfanas). Y de vez en cuando, ¿o quizás en más de dos y tres ocasiones? estamos cansados, agotados, “estresados” de esa conectividad y necesitamos tiempo de descanso, ya que, a diferencia de las máquinas, los seres humanos nos cansamos y necesitamos recuperar fuerzas para continuar nuestras tareas; descanso que por otra parte ya se descubrió hace muchos, muchos años, en los inicios del Derecho del Trabajo que era completamente necesario, aunque por aquel entonces no se contemplaba como un derecho de la persona trabajadora sino como una mera necesidad empresarial para la “recuperación física” de la mano de obra.

Pero claro, el párrafo anterior, y todo lo que he explicado en el mismo, tiene, para muchas personas (no todas desde luego) un “pequeño defecto”, cual es que “no han llegado” a su trabajo, o más correctamente sería decir a su centro de trabajo, ya que no han abandonado su domicilio.

No me refiero a quienes, desgraciadamente, han visto extinguida su relación contractual, o no han podido continuar su actividad como autónomos, ni tampoco a quienes están acogidos a ese mecanismo jurídico de protección social cuyas cuatro siglas eran a buen seguro casi desconocidas por gran parte de quienes ahora se han beneficiado del mismo, el Expediente de Regulación Temporal de Empleo (ERTE).

No, se trata de quienes trabajan desde el inicio de la crisis sanitaria, primero de forma obligada y después, poco a poco, mediante acuerdos o pactos con su empresa, desde su domicilio o desde otro lugar (ventajas del trabajo remoto… siempre y cuando haya buenas conexiones), si bien realizan en gran medida las mismas tareas que desarrollaban totalmente con anterioridad (y que ahora realizan de forma total o parcial en un lugar diferente) en dicho centro de trabajo.

En cualquier caso, y probablemente mucho más para quienes trabajan conectados virtualmente con su empresa y sus compañeros y compañeras, al  mismo  tiempo  que  están  desconectados, total  o  parcialmente, de  su lugar habitual de actividad hasta hace poco tiempo, el descanso es completamente necesario. Y no me refiero a los descansos diario, semanal y anual (vacaciones) reconocidos como derechos en la normativa laboral después de muchas luchas de la clase trabajadora para su obtención (ahora nos parecen tan normal disponer de esos descansos que nos olvidamos de cuánto costó su reconocimiento). No, me estoy refiriendo, y de ello trata la publicación que tengo la satisfacción de prologar en su segunda edición (algo que ya habla por sí solo de su interés), a otro tipo de descanso que permita, ciertamente como también lo hace, o intenta hacerlo, el  existente  diariamente  entre  dos  jornadas  de  trabajo  pero  desde  otra perspectiva, “desconectar” del trabajo, devolver a la persona trabajadora (aquí no importa que sea asalariada o autónoma, aunque a buen seguro la primera será la que tenga mayor necesidad por no depender de sí misma en la organización del trabajo) un tiempo libre, un tiempo liberado, que dedique a aquello que considere más adecuado, y que a buen seguro guardará relación con su vida personal y en su caso familiar.


Y de dicha “desconexión digital” (las comillas aparecen el título de la obra) en el ámbito laboral, no importa dónde y cuándo se lleve a cabo la  prestación  de  servicios, versa  la  monografía  del  profesor  Francisco Trujillo Pons, Profesor Ayudante Doctor de la Universitat de València (España),  integrado  en  ese  importante  Departamento  de  Derecho  del Trabajo y de la Seguridad Social de dicha Universidad en el que tengo muchos  buenos  amigos  y  amigas,  y  cuya  calidad  es  reconocida  en  el mundo laboralista.

A esa calidad contribuye el autor de la obra, con su ya extenso currículum docente e investigador, en el que ha dedicado especial atención a la temática objeto de la presente monografía, en cuanto que, además de actualizar debidamente la primera edición, ha continuado estudiando y analizando la problemática de la desconexión digital en el ámbito laboral, ahora con especial atención a la prevención de riesgos laborales y a su aplicación efectiva por parte del mundo empresarial. Ejemplos claros de aquello que acabo de indicar son sus recientes artículos “La desconexión digital a lomos de la seguridad y salud en el trabajo”, y “El ejercicio del derecho a desconectar digitalmente del trabajo: su efectividad en las empresas” (ambas publicadas en la Revista de Relaciones Laborales, Lan Harremanak).

La monografía del profesor Trujillo no es únicamente de carácter estrictamente jurídico, aunque es bien cierto que la problemática de la normativa laboral ocupa buena parte de su contenido. Y digo que el libro tiene una visión bastante más amplia de la desconexión digital ya que a todo lo largo de la obra se presta atención al impacto que sobre la vida de las personas, y no sólo de las trabajadoras, tiene aquello que denomina la “conectividad constante”, conectividad que nos interesa y afecta, como ciudadanos, como consumidores y desde luego como trabajadores.

Dado que la desconexión digital requiere de una actuación conjunta por parte de la normativa legal y convencional, el autor dedica especial interés a la regulación existente desde la aprobación de la Ley Orgánica 3/2018 de 5 de diciembre, de Protección de Datos Personales y Garantía de los Derechos Digitales, cuyo artículo 88 fue probablemente su “estrella mediática” y que ha sido sobre el que han girado muchas de mis intervenciones en las que he puesto de manifiesto, por cierto, que el cumplimiento estricto de la regulación de la jornada y horario de trabajo ya facilitaría considerablemente y haría posible la desconexión que ahora aparece como una realidad laboral a la que es necesario dar cobertura expresa. El citado artículo se ha inspirado muy probablemente tanto en la normativa francesa como en las prácticas negociales de importantes empresas, así como en el indudable impacto que la tecnología tiene sobre las relaciones tanto personal como laborales. En primer lugar, se reconoce expresamente el derecho a la desconexión, algo que debería repercutir sin duda en la separación de los tiempos de vida personal y privada y los de trabajo, si bien inmediatamente después, y no creo que pueda ser de otra forma en atención a la realidad productiva y a las distintas necesidades organizativas de las empresas (piénsese, por ejemplo, en empresas transnacionales que debe estar en conexión con centros ubicados en otros países y/o continentes, con diferentes husos horarios), se llama a su concreción vía negociación colectiva y, solo de forma subsidiaria, al acuerdo en el ámbito de la empresa. También parece adecuada la elaboración de un código de conducta interno para la puesta en práctica de tal política y la intervención de las y los representantes del personal en su fase de elaboración, así como la atención específica que debe darse a supuestos cada vez más frecuentes en la vida laboral como son el trabajo a distancia, ya sea o no en el domicilio de las personas trabajadoras, y más cuando dicho trabajo requiera del uso de herramientas tecnológicas puestas a disposición de aquellas.

Como no podría ser de otra forma, ya que la publicación demuestra que el autor está “permanentemente conectado” al estudio de la normativa legal y convencional, tanto internacional y europea como la española, (supongo que también se autoaplicará el “derecho a la desconexión digital” ¿verdad?), el análisis de la normativa reguladora del trabajo a distancia adquiere especial relevancia en la obra, desde los primeros borradores hasta llegar al texto definitivo, la Ley 10/2021, de 9 de julio “de trabajo a distancia”, definido como “forma de organización del trabajo o de realización de la actividad laboral conforme a la cual esta se presta en el domicilio de la persona trabajadora o en el lugar elegido por esta, durante toda su jornada o parte de ella, con carácter regular”, y que va inexorablemente unido por lo que respecta al derecho a la desconexión digital con el concepto de teletrabajo, “aquel trabajo a distancia que se lleva a cabo mediante el uso exclusivo o prevalente de medios y sistemas informáticos, telemáticos y de telecomunicación”.

Dedica  especial  atención  la  monografía  a  tal  derecho  en  el  ámbito del trabajo a distancia, con el análisis crítico del artículo 18 que lo reconoce, con remisión al artículo 88 de la señalada Ley Orgánica 3/2018, a “las personas que trabajan a distancia, particularmente en teletrabajo”, concretando, y poniendo de manifiesto la estrecha relación existente con los descansos “generales” legal y convencionalmente reconocidos, que el deber empresarial de garantizar la desconexión “conlleva una limitación del uso de los medios tecnológicos de comunicación empresarial y de trabajo durante los periodos de descanso, así como el respeto a la duración máxima de la jornada y a cualesquiera límites y precauciones en materia de jornada que dispongan la normativa legal o convencional aplicables”. Como digo, el autor presta especial atención a los avances que se han producido en el marco normativo convencional, es decir en el de la negociación colectiva y acuerdos o pactos de empresa, así como también en el de las buenas prácticas empresariales, y escudriña todos los avances, y algunos retrocesos, operados en la normativa comunitaria y en los posibles desarrollos que puedan operarse en los próximos tiempos.»

Sin entrar en el detalle de las numerosas citas de la publicación, sí deseo recordar la importancia que tuvo, por ejemplo, el acuerdo suscrito el 17 de julio de 2019 entre la dirección del Grupo Telefónica y las organizaciones sindicales CCOO y UGT sobre “Política interna reguladora del derecho a la desconexión digital de las personas trabajadoras de Telefónica”, y que fija como criterio general “el establecimiento de las medidas que tiendan a asegurar el respeto del tiempo de descanso y vacaciones de las personas trabajadoras, así como el respeto a su intimidad familiar y personal, fuere cual fuere la jornada ordinaria de trabajo, resultando de obligatorio cumplimiento por parte de la empresa empleadora”, y que extiende su ámbito de aplicación se extiende a todos los trabajadores y trabajadoras de las compañías del grupo Telefónica en España, a excepción de quienes perciben complemento de disponibilidad o de similar naturaleza.

Y  mucho  más  recientemente, cabe  mencionar  el  convenio  colectivo del sector de Banca. En efecto, el capítulo XV, novedad total con respecto al convenio anterior, lleva por título “transformación digital y derechos digitales”. En el artículo 79 se efectúa una declaración general sobre la importancia de la negociación colectiva en los procesos de transformación digital y del derecho a la información de la representación del personal, siempre  con  una  redacción  que  demuestra  cómo  se  han  ido  acercando las posiciones negociales hasta llegar a un acuerdo, y en el artículo 80 se concreta la regulación de los “derechos digitales”, en los que se incluye el derecho a la desconexión digital, el derecho a la intimidad y al uso de dispositivos digitales en el ámbito laboral, el derecho a la intimidad frente al uso de dispositivos de videovigilancia y grabación de sonidos y geolocalización en el ámbito laboral, el derecho a la educación digital y el derecho ante la inteligencia artificial.

En el ámbito europeo, y coincido plenamente con el autor, cabe destacar la importancia de la Resolución aprobada por el Parlamento Europeo el 21 de febrero sobre el derecho a la desconexión digital en el trabajo, con recomendaciones dirigidas a la Comisión sobre el derecho a la des- conexión” de indudable importancia, positiva, a mi parecer por lo que respecta a sus propuestas sobre la conveniencia de regular dicho derecho en el ámbito europeo.

El Parlamento Europeo pide a la Comisión, y observarán que se refiere más generalmente al trabajo a distancia, que “presente un marco legislativo con vistas a establecer requisitos mínimos para el trabajo a distancia en toda la Unión que garantice que el teletrabajo no afecte a las condiciones de empleo de los teletrabajadores; hace hincapié en que dicho marco debe aclarar las condiciones de trabajo, incluido el suministro, el uso y la responsabilidad de los equipos, como las herramientas digitales existentes y nuevas, y debe garantizar que dicho trabajo se lleve a cabo de forma voluntaria y que los derechos, la carga de trabajo y las normas de rendimiento de los teletrabajadores sean equivalentes a los de los trabajadores equiparables”, subrayando que los empleadores “no deben exigir que los trabajadores estén directa o indirectamente disponibles o accesibles fuera de su tiempo de trabajo y que los trabajadores deben abstenerse de poner- se en contacto con sus compañeros fuera de las horas de trabajo acordadas”, con una mención concreta que sin duda será del agrado de las y los profesionales de la educación, ya que se afirma que todas las actividades de enseñanza o formación a distancia, y sabemos mucho de ello durante la crisis sanitaria que estamos viviendo, “también deben contar como actividad laboral y no deben realizarse durante horas extraordinarias o días libres sin una compensación adecuada”.


En definitiva, estamos en presencia de una monografía que, además de hacer aquello que debemos hacer los juristas, el análisis critico constructivo de las normas y la formulación de propuestas para su mejora, nos recuerda que la desconexión digital en el trabajo no solo afecta, ni mucho menos, a nuestra vida laboral sino también, y mucho, a nuestra condición de ciudadanos que debemos saber hacer un buen uso de las inmensas posibilidades que la tecnología nos ofrece, sin que caigamos en ser esclavos de ellas.

No es solo que, como nos dice el autor en la introducción, los efectos positivos de la tecnología son muchos, sino también que “un mal uso de los dispositivos y herramientas digitales al servicio del trabajo pueden empeorar las condiciones laborales” por la difuminación de los derechos laborales, y por ello el objetivo a lograr es que tanto la digitalización como los derechos laborales formen “un binomio inseparable y necesario para la productividad empresarial y el descanso efectivo de los trabajadores”. Esperemos  que  obras  como  la  que  acabo  de  prologar  sean  útiles, muy útiles, para conseguir ese objetivo.

Y  como  casi  siempre  digo  al  finalizar  las  entradas  de  mi  Blog  (“El nuevo y cambiante mundo del trabajo. Una mirada abierta y crítica a las nuevas realidades laborales”), buena lectura.


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